¿Sabías que la pérdida del olfato, conocida como anosmia, es más común de lo que parece? Aunque muchos la descubrieron con el covid-19, afecta a 1 de cada 8 personas y, en algunos casos, puede ser total. Exploramos a fondo sus causas e impacto sobre la salud, y por qué el sentido del olfato es más importante de lo que creemos.
Anosmia es como se conoce a la pérdida total o parcial del sentido del olfato y puede deberse a distintos factores. Por ejemplo, a infecciones respiratorias causadas por virus como el SARS-CoV-2.
De hecho, fue precisamente con el covid-19 que mucha gente descubrió la anosmia, ya que la pérdida de olfato (y de sabor) fue uno de los principales síntomas, con 1 de cada 5 pacientes afectados. (1)
Ahora bien, este problema es más común de lo que parece. Se estima que una de cada 8 personas sufre cierta pérdida del olfato y, según algunos estudios, una de cada 30 personas carece por completo de este sentido. (2)
Además del virus responsable del covid-19, la anosmia puede deberse al virus de la gripe o al de la influenza, así como a resfriados comunes, rinitis alérgicas o sinusitis crónicas (dependiendo de la gravedad).
También puede ser consecuencia de traumatismos o intervenciones quirúrgicas.
Asimismo, se ha identificado la pérdida del olfato como señal temprana de enfermedades neurodegenerativas (alzhéimer y párkinson). (3)
Y se ha relacionado con el uso de fármacos que pueden resultar olfatotóxicos:
Si toma alguno de estos medicamentos y nota cambios en el sentido del olfato (en ocasiones se perciben olores que no existen en la realidad, lo que se conoce como “olores fantasmas”), lo mejor es que consulte con un médico para que evalúe posibles alternativas.
El olfato nos avisa de que un alimento está en mal estado, lo que convierte este sentido en un mecanismo de defensa frente a posibles intoxicaciones alimentarias. Y lo mismo ocurre con la presencia de químicos o gases peligrosos, de los que nos alejamos en cuanto los olemos.
Pero nada de esto sería posible en caso de anosmia.
Además, los sentidos del olfato y del gusto están intrínsecamente relacionados. Hasta el punto de que quien no puede oler tampoco diferencia los alimentos ni aprecia el sabor de los mismos.
Pues bien, esto puede traer consigo otros problemas más graves, como trastornos alimenticios. Y es que, al no disfrutar del sabor (en los casos más graves, los alimentos saben a corcho), la comida no resulta apetecible. Además, se ha demostrado que a la larga esto puede minar la autoconfianza del afectado y derivar en aislamiento social e incluso en depresión.
Por último, el olfato también está directamente relacionado con nuestra capacidad de memoria. Como bien explica el denominado “efecto magdalena de Proust”, el simple hecho de oler el aroma del plato que preparaba nuestra madre nos evoca a esa época de nuestra infancia. (4)
Pero, del mismo modo, se ha asociado la pérdida de olfato con el deterioro cognitivo y una menor capacidad para recuperar los recuerdos. Un estudio analizó, mediante resonancia magnética, los cambios que se produjeron en el cerebro de pacientes con anosmia crónica. Y se observó una reducción significativa del volumen de la sustancia gris en áreas como el núcleo accumbens o la corteza prefrontal medial y dorsolateral, relacionadas todas ellas con el procesamiento del olfato y el deterioro cognitivo. (5)
Y también se observó atrofia en áreas más pequeñas del cerebro, como el hipocampo, existiendo una relación directa entre la mayor duración de la anosmia y la gravedad de la atrofia.
Dependiendo de su origen, la pérdida del olfato puede durar días o semanas, tras las que el paciente recupera el olfato. Sin embargo, en otros casos ese sentido no se recupera por completo, como se estima que le ocurrió al 53% de los pacientes que tuvieron covid.
Si este es su caso (tanto debido al covid como a cualquier otro factor), le interesan las siguientes estrategias. Le ayudarán a estimular el sistema olfativo para mitigar esa pérdida poco a poco.
Algunos aceites esenciales (AE) actúan como estimulantes del olfato, como son los AE de rosa, de limón, de eucalipto y de clavo. Asimismo, puede inhalar vapores de menta.
Se ha relacionado un déficit de estos nutrientes con problemas de olfato, por lo que aumentar su aporte es una manera muy sencilla de mejorar la capacidad olfativa. Para ello, puede acudir a las principales fuentes de zinc (semillas de calabaza, legumbres, frutos secos, carne y mariscos) y de vitamina B12 (hígado, pescados, huevos y lácteos). (6)
Beber agua es otra manera muy sencilla de aliviar los síntomas de la anosmia. En este caso porque el agua ayuda a mantener las mucosas nasales hidratadas, lo que facilita la percepción de olores (sobre todo si la anosmia se debe a una afección respiratoria).
Asimismo, puede tomar infusiones antiinflamatorias para reducir la inflamación de las vías nasales. Por ejemplo, de jengibre o de cúrcuma.
Esta técnica permite estimular algunos puntos del rostro que ayudan a mejorar la circulación, contribuyendo con ello al alivio de la congestión.
Atención: si aún con estos consejos la anosmia persiste durante más de tres meses, por lo que pasaría a ser crónica, debe consultar con su médico inmediatamente. Para descartar que ese problema olfativo esconde otras afecciones de salud más graves.
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